Acompañando el parto

Esta sección se centra en lo que hacemos nosotras cuando llegamos al hogar de una mujer de parto, cómo reconocemos la evolución en el parto, que intervenciones consideramos innecesarias y las cosas que realmente hacemos en nuestra forma única de trabajar. Ni siguiendo guías y protocolos trabajamos todes* igual, ésta es la forma en que nosotras lo hacemos.

Esta sección se complementa con otras que ponen más atención en las tareas de las otras personas que acompañan durante el parto, y en el arte de saber cuándo es el mejor momento para avisar del inicio y la evolución del parto.

Cuando le pides a cualquier profesional que te acompañe en el parto, es esencial que le preguntes sobre su forma de trabajar. Desconfía de quien no quiere darte detalles cuando los pides, utilizando el "si todo va bien" a menudo porque impregna el ambiente de una sensación de que a menudo no es así.

¿Qué hacemos cuando llegamos a casa?

Antes solíamos llegar a los partos e inmediatamente interactuar con la mujer de parto. Confirmábamos que el bebé estaba bien escuchando el latido de su corazón, tomábamos la tensión arterial de la mujer, su pulso, su temperatura, hacíamos una tira de orina, sino resultaba molesto tocábamos su abdomen para saber la posición y encajamiento, y le observábamos el líquido amniótico si la bolsa ya había roto. Eso sí, nunca hicimos tactos vaginales para limitar a la medida entre dos dedos la evolución del parto, siempre usamos otras señales menos invasivas, como la actitud.

Pero con el paso de los años hemos aprendido a entrar en casa ajena de una forma más silenciosa, a pedirles a las parejas que ellas mismas escuchen el latido del bebé antes incluso de que nosotras cojamos el coche. Y confiando en elles y en el proceso mucho más que antes, no partiendo siempre del miedo con el que me formaron, pudimos ofrecer cosas distintas. 

Ahora hablamos con las parejas durante el embarazo y les decimos que podemos hacer todo eso, a lo que llamamos valoración inicial del parto, nada más llegar a su casa, o que podemos escuchar desde la habitación de al lado cómo va todo antes de entrar en su espacio. Les decimos que pueden pedirnos que estemos siempre a su lado y que para nosotras será un honor, o que pueden pedirnos que les dejemos a solas tanto tiempo como elles quieran. Siempre que no haya motivo de preocupación vamos haciendo esas cosas cuando sentimos que interrumpen menos, especialmente cuando aún se está bastante al inicio y la dinámica aún es frágil. 

¿Cómo valoramos el progreso durante el parto?

El parto y sus tiempos es para nosotras un tema central. La causa principal de traslado de un parto planeado en casa, y de parto instrumental y cesárea dentro de un hospital, es la creencia de les profesionales de que el parto se está alargando demasiado. Gracias a la experiencia de nuestros propios primeros partos y los de varias amigas, todos largos en expulsivo, de los cuales sabemos habríamos salido rajadas... aprendimos que todes necesitamos tiempos diferentes para dar a luz.

Nuestra labor como acompañantes es respetar sus tiempos siempre que el latido del bebé esté bien y la mujer esté bien, y ella lo estará si descansa y se nutre lo mejor posible. La desesperanza es el motivo principal por el que una mujer pide un traslado o una epidural, así que nos guardamos todas nuestras palabras de aliento para si realmente hacen falta en ese momento en que el parto nos parece que nos desborda. Ahí en cuando se agradece una palabra amable, una mano cercana, y el recordatorio de que la intensidad del parto nos recuerda lo poco que nos falta para tener a nuestre bebé entre los brazos. 

 

Pronto nos parecieron inútiles los tactos vaginales, y sabiendo que íbamos a estar allí cuando le bebé naciese, decidimos simplemente prestar atención, jugar a adivinar observando a la mujer de parto cómo todo evoluciona e ir confirmando cada teoría con el paso de los minutos o las horas.Sólo hacemos tactos vaginales cuando sentimos que la información que nos pueden aportar puede ser útil para la toma de decisiones. Por ejemplo propondríamos hacer uno ante un meconio denso o bajadas del latido porque si el parto es inminente seguiríamos en casa, mientras que si parece que aún falta mucho seguramente haríamos un traslado.

 

Aunque seguimos prestando atención a otros datos como la línea púrpura en el surco interglúteo de vez en cuando, el enfriamiento de las partes distales del cuerpo, o los cambios en la pelvis, el ano y la vulva al final del expulsivo... lo que más nos guía siempre es la actitud materna. El maravilloso texto de Whapio Diane BartlettLas etapas holísticas del nacimiento, describe con exactitud y belleza todos esos cambios de actitud y el trance que va calando con el avance del parto. Merece la pena leerlo entero, pero compartimos aquí una simplificación:

  • Embarcación, <4 cm Cotidianidad con pequeñas paradas para cada contracción, alegría por el inicio del parto, habla con normalidad, saca conversación, explica sus sensaciones, siente que poco a poco va entrando en un estado alterado

  • Cruzando el velo, 4 a 5 cm El velo es el límite que separa la realidad ordinaria de el trance o presencia en el que entramos durante el parto. La atención se mueve hacia adentro, el ambiente cambia, se vuelve más silenciosa, deja de sacar conversación y empieza a resultarle difícil contestar a preguntas sencillas durante las contracciones. A veces sólo cuando el velo se ha cruzado resulta evidente que ya estamos allí

  • Entre dos mundos, 5 a 8/9 cm Cierra los ojos, se sumerge en su mundo, el parto se vuelve intenso. Sólo habla de esa intensidad o verbaliza frases de autoayuda apelando a veces sus ancestras

  • La llamada, en torno a 10 cm Está en la cúspide del parto, algunas mujeres sienten que el parto es super intenso y lo verbalizan diciendo que no pueden hacerlo. A veces unas palabras de aliento, de lo cerca que está el nacimiento nos ayudan a sentirnos capaces.. Otras sienten que van más allá de su límite pero que aún pueden seguir adelante un poco más. Muchas buscamos una persona a nuestro lado en ese momento, simplemente para presenciar lo que estamos viviendo, sin necesidad de que hagan nada más que estar junto a nosotras. Esta etapa es la transición, el tiempo en que el cuerpo acaba de abrirse, y aunque pueda ser intensa, dura poco

  • La quietud, expulsivo con la cabeza del bebé aún alta La situación ha cambiado radicalmente, está relajada, las contracciones se espacian y se hacen más suaves, la mujer está en un trance profundo y tranquilo, relajada y adormilada. Es el descanso para coger energía, e información importante para su maternidad

  • La marea, descenso La mujer vuelve, el trance ya no es tan profundo. La cabeza del bebé desciende, y la mujer la siente. Siente que su pelvis se abre, y empiezan unas ganas ligeras de empujar, una presión. Es buena idea no agotar energías empujando, la sensación se irá haciendo cada vez más marcada, y será entonces el momento adecuado

  • Las grandes olas, pujos La cabeza del bebé está en periné y a menudo las ganas de empujar son irrefrenables. Aunque algunas mujeres no sienten la necesidad de empujar y su útero se encarga de ello. La cabeza se ve durante la contracción, cada vez más, ocultándose entre contracciones, hasta que está a punto de coronar cuando ya no retrocede.

  • Emerger aparece el aro de fuego, la cabeza sale y las manos de su madre o su pareja le reciben. Las manos de la matrona/partera no son necesarias, pero pueden estar cerca para dar una mano

  • El regreso y conocerse, primeros 5/10 min postparto Aquí ocurre el pico máximo de oxitocina, es un momento sagrado de regreso, de conocerse, de enamorarse. Cualquier distracción está fuera de lugar, lo mejor es dejar a la familia en intimidad

  • Comunión, primeros 20/30 min postparto La atención se expande, y aparecen las ganas de presentar a su bebé a sus seres queridos

  • Completar, salida de la placenta La atención va hacia la placenta, que sale con unos pujos más. El bebé suele dormirse a los 60 min de vida, y la mamá suele comer, ducharse y ponerse cómoda, charlar o prepararse para descansar juntes

¿Qué signos y síntomas observamos para confirmar que todo va bien?

Por mi formación en Inglaterra nosotras ofrecemos una serie de controles rutinarios durante el parto, basados en las guías clínicas NICE, de los que hablamos con las parejas durante el embarazo y amoldamos a sus preferencias. Ésto forma parte del plan de parto en casa. Cada una de estas observaciones pueden estar hechas por nosotras o por la propia pareja si en ese momento prefieren estar en intimidad. 

  • Escuchamos la frecuencia cardiaca del bebé de forma intermitente, con fetoscopio o doppler, durante un minuto y justo después de la contracción. Escuchamos cada 15 min en la fase activa de la dilatación y cada 5 min en el expulsivo. Si se escucha alguna bajada en el latido del bebé lo hablaríamos con vosotres para decidir qué hacer en función de las circunstancias y escucharíamos el latido más a menudo, después de cada contracción durante un buen rato para valorar mejor 

  • La tensión arterial de la madre cada cuatro horas durante la fase activa de parto

  • El pulso materno cada hora, cada 15 minutos en los partos vaginales después de cesárea (PVDC) ya que ayuda a detectar prontamente desviaciones de la normalidad

  • La temperatura materna cada cuatro horas si está fuera del agua, pero cada media hora si está dentro ya que tener febrícula o enfriarse dentro del agua es mucho más fácil. También revisamos la temperatura del agua de la piscina de partos cuando se está usando cada media hora

 

Todos estos aspectos se centran en lo físico, pero también hay que prestar atención a lo emocional y espiritual de quien pare y de quien la acompaña y para eso no hay simplificaciones ni caminos trazados, vamos haciendo y aprendiendo de cada experiencia.

¿Qué intervenciones consideramos innecesarias?

Hay ciertas cosas habituales en cualquier paritorio, casa de partos y muchos partos acompañados en casa por matronas... con las que nosotras no sintonizamos. COnsideramos que estas intervenciones no son necesarias por lo que no tienen lugar en nuestra práctica. 

 

  • Nunca rompemos la bolsa de las aguas

  • No hacemos tactos vaginales a no ser que estemos considerando un traslado al hospital

  • Nunca le decimos, ni sugerimos, en qué postura debe colocarse a una mujer de parto, ni durante la dilatación ni durante el expulsivo. Su cuerpo es más sabio que nosotras

  • Nunca nos compadecemos de la mujer que pare, sabemos lo poderosa que es. Sabemos lo fuerte que se sentirá por haber vivido esta experiencia y lo vital que es sentirse así para afrontar la maternidad

  • Nunca dirigimos sus pujos. Sabemos que no necesita empujar para que su bebé nazca y que su forma de empujar es mucho mejor que cualquier guía. Rachel Reed lo explica de maravilla en su artículo Pujar: déjaselo a las expertas

  • No le explicamos, ni incitamos, a respirar de ningún modo concreto durante el parto. Si está agitada, respiramos profundo a su lado y le transmitimos tranquilidad y arrope, cantamos o gemimos con ellas. Cuando está a punto de nacer su bebé a veces jadeamos a su lado para no empujar y dejar que la cabeza corone despacio buscando reducir desgarros

  • Normalmente no protegemos el periné con nuestras manos, ni aplicamos gasas calientes, animamos a la mujer a conectar con la sensación de su periné que se estira, le animamos a que ponga su mano o que lo haga su pareja y les recordamos que no hay prisa, que alarguen estos últimos minutos un poquito más

  • Cuando le bebé nace con vueltas de cordón, no hacemos nada, sólo esperar a que nazca el cuerpo y entonces quitarlas, nosotras o la propia madre. Rachel Reed también habla de esto en su artículo Vueltas de cordón, el perfecto chivo expiatorio. Y para los escépticos, os animo a ver los primeros 50 segundos de este vídeo en el que el bebé nace con 5 vueltas de cordón y su madre se las quita con total naturalidad

  • No solemos ser nosotras quienes cogen al bebé aunque a menudo ponemos nuestras manos cerca para ayudar a la mamá o su pareja a cogerle si nos lo piden 

  • Si todo está bien, solemos irnos a una esquina o salir al pasillo para no interrumpir el momento especial de conocerse

  • Nunca cortamos el cordón antes de que deje de latir, la placenta es su bombona de oxígeno para la transición a este mundo de aire. Es más, es raro que cortemos el cordón antes de las 2/3 horas postparto. Y estamos encantadas cuando las parejas optan por no cortarlo y dejan que se seque y caiga por si solo, a esto se le llama Nacimiento Lotus

  • No separamos al bebé de su madre. Le pesamos, medimos y revisamos, si la madre quiere, pasadas las primeras 2 horas postparto

  • No cosemos los desgarros de primer (piel) ni de segundo grado (piel y músculo) a no ser que la mujer nos lo pida. Sé coser, y llevo todo el instrumental conmigo, pero no le veo beneficio. La experiencia acompañando partos y en nuestra propia carne es que los desgarros se curan igual de bien sin coser mientras se mantenga la zona lo más limpia y seca posible. Si creyéramos que el desgarro es de tercer grado (llega hasta el ano) sí que animaríamos a trasladar al hospital y coser allí

  • Mientras no haya signos de un sangrado excesivo (baja tensión arterial, pulso alto, sangrado aunque éste puede ser oculto, mareos o aumento del tamaño del útero) o una distocia de hombros no hacemos alumbramiento dirigido. Esperamos a que la placenta salga, le pedimos a la mujer que le dedique durante un rato toda su atención, que empuje con cada contracción que tenga, que ponga a su bebé al pecho o que cambie de posición si está tardando varias horas. Hasta que la placenta no sale, el parto no se ha terminado

  • No solemos dar consejos sobre posicionamiento en la lactancia para dejar que mamá y bebé experimenten durante el primer día. Si hay dolor ayudaremos con eso en la primera visita postparto que puede ser tan temprana como cuando el dolor aparezca

Y entonces ¿qué es lo que sí hacemos?

Acompañar el parto es un proceso muy femenino en el que el hacer no es tan importante como el estar. El mérito de lo hecho no se mide en tareas completadas ni objetivos alcanzados, sino en todo lo que ha pasado desapercibido pero que garantiza el sencillo y cálido bienestar de los presentes. Es la acción más importante e infravalorada de nuestra cultura, la de cuidar, la de estar presente, la de estar siempre disponible para ofrecer nuestras herramientas más valiosas, nuestras manos, nuestra paciencia, nuestra confianza.

Desde la mirada crítica puede parecer que no hacemos nada, a menudo bromeamos con ello, pero si une mira con atención y otro punto de vista verá que nuestra función es la de proteger ese espacio sagrado que es el parto. 

Quien busque que le guiemos, le digamos todo lo que tiene que hacer o dejar de hacer, y espere vernos físicamente muy ocupadas, demostrando todo lo que estamos haciendo, para que sienta que ha hecho bien pidiéndonos a nosotras que le acompañáramos... seguramente se sentirá mejor con otre profesional, o incluso en un ambiente hospitalario. 

Así que aunque algunas de las cosas que hacemos nos tienen nombre ni forma sencilla de ser explicadas, sí que podemos hacer una lista de algunas de esas otras que son más tangibles:

  • Recordamos a todes les presentes la importancia de comer y descansar durante todo el proceso

  • Preguntamos cuándo fue la última vez que quien está de parto hizo pis, y si hace unas horas le recordamos que es importante tener la vejiga vacía aunque la sensación de ganas de hacer pis se pierda según avanza el parto

  • Tomamos las constantes citadas arriba con la frecuencia que hemos acordado con la pareja

  • Ayudamos a preparar y mantener caliente la piscina de partos

  • Escribimos en nuestra documentación todo lo que va ocurriendo, como si fuera un diario en el que plasmamos todo lo que vemos, escuchamos y percibimos

  • Estamos. A veces cerca, a veces en la habitación de al lado, dependiendo de lo que cada pareja prefiera en cada momento. Pero siempre estamos atentas a los sonidos, y disponibles

  • Observamos si todas las personas que acompañan se sienten cómodas y tranquilas. Cuando tenemos dudas se lo preguntamos directamente o le explicamos lo que ese momento está ocurriendo, y lo que pronto ocurrirá, para que se sientan más ubicados y poder contagiarles nuestra tranquilidad y confianza

  • Cuando otras personas quieren entrar en el espacio del parto y no son bienvenidas por la mujer que pare, nosotras hacemos de barrera

  • Apoyamos a quienes están acompañando el parto, ayudando en la organización o transmitiendo lo que la mujer o la pareja necesita

  • Cuando la fase más intensa llega nos acercamos y les recordamos que esa fuerza significa que cada vez están más cerca de conocer a su bebé, que pronto llegará la calma

  • Cuando creemos que la cabeza está ya baja le recordamos que seguramente pueda tocarla si quiere con los dedos

  • Susurramos que no hay prisa, muchas veces, y casi siempre cuando la cabeza está a punto de coronar

  • Cuando la atención se dispersa justo después del nacimiento, reducimos esos estímulos, animamos a la mamá a fijarse en lo hermose que es su bebé y les dejamos espacio para reencontrar intimidad

  • Revisamos la placenta cuando alumbra y si la mujer quiere consumirla a menudo somos nosotras quienes la cortamos en trocitos para congelar

  • Pesamos, medimos y revisamos al bebé

  • Rellenamos los papeles para el registro civil y un informe para le pediatra y le matrone de la seguridad social

  • Si todo está bien, recogemos poco a poco todas nuestras cosas, intentamos que la casa quede cómoda y agradable, y dejamos a la nueva familia normalmente descansando en torno a la cuarta hora postparto

Durante los primeros días tendremos nuestro teléfono siempre disponible para elles, y si todo va bien 48 horas más tarde volveremos a verles a casa, empezando así nuestro acompañamiento postparto.

Valle, revisado y ampliado en Septiembre 2018, escrito en 2014

* Lenguaje inclusivo

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