¿Cómo influye quién está presente?

Últimamente he estado pensando mucho en como cada persona presente en un parto influye, queriendo o sin querer, en él. 

Varias cosas me han empujado a escribir sobre este tema. Por un lado el haber estado analizando los motivos que me hicieron planear un parto en casa acompañado por Raquel en vez de una matrona titulada, por otro la sensación de sentirme observada en el parto de mi segundo bebé (aquí puedes leer el relato completo), y por último el audio de Indie Birth Cómo decidir quién debería estar en tu parto y por qué esto importa.

 

La foto que acompaña este texto es de mi primer parto, Raquel a mi lado estaba embarazada de dos meses menos que yo. Esta imagen para mi representa el sentirte acompañado por alguien que te entiende, que es igual a ti, que puede empatizar al máximo con la vivencia, e inspitarte confianza.

Escogiendo con el corazón

Cada persona que está presente en un parto en casa es un invitado en ese lugar. La mejor compañía en un parto es alguien que sabe ocupar su lugar, que está presente, atento, relajado... qué sabe pasar desapercibido, qué sabe darnos tiempo y ayudarnos a recobrar la energía y la confianza en nuestro cuerpo.

 

Todos nos traemos nuestra energía, nuestra confianza y nuestros miedos a los partos en los que estamos presentes. Todos influimos, con nuestras palabras, con nuestra actitud, con lo que pensamos pero no decimos... La confianza y el miedo se transmiten.  Esto es aplicable tanto a cualquier profesional que nos acompañe como a nuestra pareja, amigos y familiares que estén presentes en nuestro parto. 

¿Qué sensación te inspira imaginarte a una u otra persona en tu parto? En tu parto ideal ¿quién querrías a tu lado? ¿hay algún motivo por el que veas difícil que tus deseos se cumplan? Escoge con el corazón, no con la cabeza, escoje porque tu quieres a esa persona a tu lado, y siempre recuerda que en el momento puedes rehacer tus planes. 

La familia y amigos

Hay veces en que miembros cercanos de la familia, y/o amigos íntimos, dan por sentado que tienen derecho a estar en nuestro parto. Muchas veces he oído a mujeres decir que no podían quitarles la posibilidad a sus padres o suegros de ver nacer a su nieto. Muchas veces he oído a mujeres decir que querían a una determinada amiga o amigo porque creían que era una experiencia que a esas personas les enriquecería mucho.

En inglaterra dos personas podían acompañar a la mujer en cualquier parto hospitalario, pero en España el hecho de que sólo se permita a una hace que todo el mundo renuncie a la idea de acompañar a la mujer de parto a no ser que su pareja no quiera. Pero cuando se da a luz en casa, todos saben que allí puede estar todo el mundo que la mujer quiera. Eso hace que algunas personas se creen expectativas, y que las mujeres vivan situacions complicadas para defender su necesidad de intimidad. Y que muchas otras se pasen el embarazo entero, y algunas el parto, escondiéndose esa necesidad a ellas mismas porque sienten que no tienen opción.

 

A veces a las matronas nos toca la labor de ser la bruja que le dice a alguno de los presentes que se vaya a dar un paseo durante el parto... Si la mujer no ha conseguido lidiar con ello antes, y en ese momento le molesta su presencia, es importante que lo exprese con claridad para que nosotras podamos ayudarla encontrando una excusa, una tarea, un recado... o poniéndonos delante de la puerta.

La madre

Tiene que ser un placer enorme estar invitada al nacimiento de tus nietos. Aunque mis hijos sean ambos menores de dos años, y niños, es algo en lo que ya he pensado varias veces. Estar presente en cualquier parto es un regalo, pero debe ser un regalo para ambas partes.

 

Convertirse en padres es el rito de pasaje más potente de todos, es un salto a la madurez, a la creación de una nueva familia. Es por un lado alejarse del nido en el que naciste para crear el propio, pero a la vez una etapa de gran acercamiento a entender lo que nuestros padres vivieron al criarnos. 

Es difícil acompañar a nuestros hijos sin intentar protegerlos de las experiencias duras que encontrarán en el camino, sin intentar aliviarles el dolor, sin intentar hacerles el arduo viaje más corto. Es difícil no tener miedo cuando la situación es nueva, cuando nos han dicho demasiadas veces que vivir es peligroso. Es aún más difícil no transmitir nuestro miedo cuando es justamente eso lo que sentimos, cuando la mente juega a barajar todas las posibilidades.

El apoyo que puede recibir una mujer de su madre durante el parto es tan único como su relación con ella. El parto es un momento muy íntimo y muy delicado en el que, ante todo, debe primar la confianza. Confianza en las decisiones que esa mujer ha tomado, confianza en la pareja que la apoya y la acompaña, confianza en su cuerpo que pare, confianza en el bebé que sabe nacer, confianza en que todos necesitamos vivir esta experiencia, como sea, única, la nuestra.

Se que existen madres capaces de todo esto, desearía ser capaz de ser algún día una de ellas, pero soy consciente de que son la excepción y no la norma.

La matrona

 

Por norma general las personas que atienden partos en casas de nacimiento o a domicilio confían más en la capacidad de las mujeres para dar a luz sin ayuda externa y esa creencia les hace intervenir menos. Menos que ellas mismas cuando trabajaban dentro del hospital, no necesariamente menos que cualquier matrona que trabaja dentro del sistema de salud. 

Todas las personas presentes en un parto van a influir en cómo éste se desarolla. Cada una de ellas va a crear una huella, uno o múltiples recuerdos en tu historia de parto. Escógelas bien. Hay veces en que se crea una relación mágica entre una pareja y su matrona, y hay veces en que es lo que a ambas partes le gustaría, pero lamentablemente no es así.

 

Muy a menudo se idealiza a los profesionales que atienden en casa creyendo que sólo van a intervenir cuando es estrictamente necesario y que van a ser, pase lo que pase, una fuente de apoyo emocional que emana confianza y nunca duda o miedo. Sin embargo todos tenemos nuestras certezas y nuestras creencias, nuestros puntos fuertes y nuestros miedos, que influyen como nos sentimos y lo que transmitimos a las mujeres que acompañamos. La formación de matrona es maravillosa para saber actuar en situaciones de urgencia, pero es claramente una carga de miedos y patología que tenemos que aprender a aligerar.

  

No siempre las personas son capaces de cumplir nuestras expectativas, y cuando nos conocemos poco, tendemos con frecuencia a idealizar. No aceptes que alguien con quien no te sientes 100% cómoda esté en tu parto, no asumas que nadie tiene el derecho garantizado de estar ahí, es tu elección, y estar rodeada de gente que te inspira confianza y tranquilidad es la clave para vivir un buen parto, sea como sea éste.

 

Si no hay ninguna matrona que te convenza, si no quieres que nadie influencie tu parto, la única opción es parir sin asistencia. Aunque es una opción poco visibilizada, es una decisión tan respetable, y posiblemente tan segura, como parir en el "mejor" hospital.   

 

Conclusión

Cada persona presente en un parto aporta su melodía componiendo una gran orquesta donde el protagonismo a veces cambia de manos.  

Cuando una matrona guía activamente los partos que acompaña, atrae hacia sí un protagonismo que no le pertenece y poco a poco los partos que atiende se asemejan cada vez más. Cuanto menos guías, cuanto más observas, más bella y auténtica es la obra ante nuestros ojos. 

Valle, Octubre 2016

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