¿Igualdad?

En este texto nuestra amiga y compañera mamá, Luz, comparte sus reflexiones sobre el postparto, su experiencia y su visión, su cuestionamiento de la supuesta igualdad a la que a veces erróneamente aspiramos. 

Gracias Luz por compartir y poner palabras a estas sensaciones sobrecogedoras que muchas vivimos en el postparto.

Valle, Noviembre 2016

"Me gustaría hablar del postparto, ese tiempo en que la dedicación al bebé es prácticamente exclusiva, y que en mi caso ha durado alrededor de 8-9 meses. Tiempo que me ha servido para poder escribir estas reflexiones desde una posición vital de serenidad, y tiempo en el que he madurado muchas ideas sobre todo en torno al concepto de igualdad en la pareja.

El concepto de igualdad hacía tiempo que lo tenía muy cuestionado, sobre todo a nivel laboral. El tan manido concepto de igualdad para la mujer desde mi punto de vista está al servicio del sistema; la mujer ha salido de su casa para trabajar, para producir, se nos ha vendido la idea de libertad equiparada a tener dinero, si trabajas tienes dinero y entonces eres independiente, eres libre. No sé las ventajas que esto ha podido tener pero creo que una consecuencia para mí no muy positiva es que muchas mujeres han pasado de depender del marido a depender del dinero y otras a depender de ambos. La mujer era, es y será libre sólo si se siente dueña de sus decisiones. Una mujer puede decidir no trabajar, cuidar de sus hijos, incluso decidir atender el hogar sin hijos, y sentirse más libre que la más trabajadora de las mujeres.

 

Por otra parte el concepto de igualdad tiene un matiz despectivo; se supone que las mujeres queremos igualarnos a algo porque ese algo es mejor… Es mejor fumar, es mejor conducir, es mejor jugar al fútbol, es mejor trabajar… ¿es mejor sólo porque lo hacía el hombre?… Se me ocurre sobre la marcha pensar al contrario, ¿es mejor cocinar, limpiar, criar a los niños, estar en casa...? Parece que eso no es mejor ¿verdad? Eso se entiendo sólo como obligaciones (con todo lo feo del término) que si se reparten se llevan mejor…

 

Para mí el concepto de persona es mucho más amplio y enriquecedor. De ahí deriva la idea de equipo, de compenetración, de poner cada uno lo que mejor sabe hacer e ir buscando equilibrios pues la historia vital de cada uno muchas veces juega malas pasadas. Y esto se puede aplicar a cualquier relación y por otra parte te coloca en una posición en la que las diferencias con el otro se ven complementarias, añaden algo a uno mismo. Es importante eso sí, tener un objetivo común, sintonizar en las ideas, en este caso en cuanto a crianza. Unas veces uno dará el 80% y el otro el 20% y otras al revés, pero el total, el 100% es lo que importa.

 

 

¿Cómo he llegado a estas conclusiones?

 

El postparto ha sido muy esclarecedor. Los sentimientos son muy básicos, muy animales, sientes un amor tremendo y un odio en la misma escala. 
Desde luego yo sentía que era mi momento, el mío y el de Micaela; el mío y el de mi cría; no el mío para mí en exclusiva y tampoco el de la pareja. La relación de apego es tan intensa y te genera unos sentimientos tan fuertes… que no permitía que NADIE entrara a cuestionar nada de esa relación ni que NADIE se acercara a sentir algo parecido a lo que yo estaba sintiendo. Aquí me di cuenta de que Diego con su mejor intención y seguramente bajo la idea de igualdad, intentaba darme consejos sobre cómo darle de mamar cuando tenía un cólico, también en algún momento tuve que escuchar “aquí hay otras prioridades” cuando yo intenté hacer algo sin la niña, o manifestaba un sentimiento hacia la niña equiparable al mío... En esos momentos sólo sentía odio, odio y más odio… Yo decía para mis adentros, la niña es mía, la niña es mía… y me encerraba aún más en ese sentimiento y en ese momento, no cediendo ni un ápice al padre, sólo en momentos de desesperación. Me sentía como una fiera… Me decía mí misma, si sólo yo he pasado el embarazo de Micalea con lo bueno y lo malo, si sólo yo he parido, si sólo yo tengo una herida en el abdomen que me incapacita, si sólo yo no duermo, si sólo yo no puedo hacer otra cosa que atender a Micaela… ¿cómo es posible que alguien se atreva a decirme lo que tengo que hacer o pueda sentir lo mismo que yo hacia Micaela?

 

Estas situaciones me llevaron a preguntarme por qué nos estaba pasando eso, por qué estábamos tan alejados cuando siempre habíamos tenido las ideas muy claras en cuanto a la crianza… y creo que la clave está en esa pretendida igualdad. Desde luego no había empatía; Diego no tenía ni idea de que la relación que se estaba creando era tan fuerte, especial y exclusiva que por muy fuerte que fueran sus sentimientos no se podían acercar a los míos, y por tanto decir las cosas con la autoridad del que se siente igual era un error. 

 

En el libro sobre El concepto del continuum se habla sobre los roles del padre y de la madre y en un contexto muy primitivo habla de que la madre cuida de la cría y el padre protege y va a cazar… Es decir, sus papeles se complementan pero no se igualan. Estoy convencida de que eso es así, en unas parejas durará más o menos pero hay un tiempo en que es así. En nuestro caso, como yo no trabajo (decisión compartida por ambos) este tiempo se está alargando más. Micaela tiene 9 meses y todavía el papel del padre está por hacer, aunque empieza a cobrar importancia.

 

A medida que pasaron los meses y fuimos viendo el desarrollo de Micaela y sintiendo que lo estábamos haciendo bien, pudimos ir hablando y llegando a estas conclusiones; incluso Diego manifestó que su papel estaba aún por hacer; y oir eso me alivió…

Otro aspecto del postparto que en mi caso cobra especial importancia es el cambio de vida radical; yo era y soy muy activa, me gustan sobre todo las actividades manuales, la restauración, y eso supone trabajo físico y muchas veces trabajo con tóxicos… algo que tuve que dejar de hacer desde que me quedé embarazada, y eso ha sido un hándicap en el postparto ya que estoy tardando en recuperar esas actividades que también me hacían sentir muy bien. En este sentido durante el postparto también sentía por parte de los que me rodeaban que yo no debía hacer otra cosa que cuidar de Micaela; cuando había que hacer cualquier tipo de tarea en la casa nueva (para restaurar) yo debía desaparecer con la niña y todos tan contentos, lo cual añadía malestar y rabia a mi delicada situación; cuestión que he y hemos tenido que ir gestionando. Si cuando había que hacer algo se organizaba teniéndome en cuenta y así poder hacer alguna tarea, como por ejemplo colocar la leña que Diego cortaba, pues todo iba mucho mejor.

 

Leí también en el libro de El concepto del continuum que dedicarse todo el día exclusivamente a la crianza de un bebé era algo muy aburrido para el adulto y poco enriquecedor para el bebé, de forma que el bebé debía incorporarse a la vida del adulto. Esto está guiando mucho la crianza de Micaela y los resultados en su desarrollo son muy satisfactorios.

 

A veces pienso que durante el embarazo no hice bien el trabajo de mentalizarme del cambio de vida; la atractiva idea de dejar de trabajar traía consigo el dejar de hacer otras tareas físicas o arriesgadas muy satisfactorias que no tuve en cuenta, así como tampoco tuve en cuenta que el tiempo del que iba a disponer para mí iba a ser muy limitado y marcado por cierto estrés. Recuerdo la llegada del hospital y el sentimiento de desconcierto al pensar "¿dónde dejé mi vida el viernes cuando salí de casa?"

 

De todos modos y llegados a este punto siento que las cosas están empezando a cambiar. Empiezo a sentir que puedo ceder tiempo a Diego, de hecho necesito hacerlo. Micaela duerme poco y mama mucho pero empieza también a ser más independiente, y el incorporarla a nuestra vida es muy satisfactorio para todos. Ya estoy empezando a plantearme objetivos a corto plazo de reiniciar ciertas actividades que estando trabajando no podía hacer como tejer o coser, y también restaurar.

 

Después de 9 meses también soy capaz de pensar en qué ha cambiado mi vida o cómo he readaptado mi vida: siento sobre todo que paso por la vida como una pluma, ligera, lenta, libre, segura, todo se acaba solucionando sin necesidad de intervenciones ni malos ratos, y siento que durante unos años mi vida va a estar dedicada a los demás pero quiero hacerlo, lo decido libremente. Y siento que ser madre de Micaela me está haciendo mejor persona..." 

 

Luz, Septiembre 2016

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