La normalización del parto hospitalario

La especie humana sobrevivió durante miles de años antes de que los partos ocurrieran bajo la protección de médicos y máquinas cobijados dentro de grandes y pequeños hospitales. 

 

En mi familia nunca llegó a romperse el ciclo, y mujer tras mujer parimos y nacimos en casa. La vida es peligrosa, maravillosa, exultante... y como ella, una parte de ella, el parto. 

 

Los primeros partos hospitalarios tuvieron unos resultados devastantes no sólo por la alteración que suponía el ambiente, la falta de intimidad y la invasividad de las personas presentes, sino porque las medidas de lavado de manos y de control de infecciones eran nulas o precarias y numerosas 

mujeres murieron de infección por parir en el hospital.

Nos gusta creer que a día de hoy en el ámbito sanitario trabajamos basándonos en la evidencia científica, y en muchos aspectos es verdad, pero la historia de la obstetricia está impregnada de intervenciones no evaluadas que tras décadas de sufrimiento demostraron, en el mejor de los casos, no ser efectivas. Del mismo modo no se esperó a tener evidencia de que el parto hospitalario fuera más o menos seguro que el parto en casa antes de venderlo como la única opción segura.

Traduzco, ya que creo que viene muy a cuento, un fragmento del maravilloso artículo de Marsden Wagner Los peces no ven el agua: la necesidad de humanizar el parto:

"Algunos obstetras, como miembros de la sociedad, tienden a creer ciegamente en la teconología y el mantra: tecnología = progreso = moderno. El otro lado de la moneda es la falta de fe en la naturaleza, claramente expresado por un obstetra Canadiense "la naturaleza es un mal obstetra". Así que la idea es conquistar la naturaleza, y como resultado la extendida aplicación de intentos de mejorar la naturaleza antes de evaluarlos científicamente. Esto ha llevado a una serie de intentos fallidos en el siglo XX de mejorar la evolución biológica y social.

 

Médicos remplazaron a las matronas en los partos de bajo riesgo, entonces la ciencia demostró que las matronas eran más seguras. Los hospitales reemplazaron la casa para el parto de bajo riesgo, entonces la ciencia demostró que el parto en casa es tan seguro con muchas menos intervenciones. El personal del hospital reemplazó la familia como apoyo durante el parto, entonces la ciencia demostró que el parto es más seguro si la familia está presente. La posición de litotomía reemplazó las posiciones verticales, entonces la ciencia demostró que las posiciones verticales son más seguras. La examinación del recién nacido lejos de su madre en los primeros 20 min. de vida reemplazó dejar a los bebés con sus madres, entonces la ciencia demostró la necesidad para el vínculo de este tiempo. La leche hecha por el hombre reemplazó la leche hecha por la mujer, entonces la ciencia demostró que la lactancia materna es superior. El nido para los recién nacidos reemplazó la madre, entonces la ciencia demostró que compartir habitación es mejor.

 

Si más médicos experimentaran un terremoto o un volcán, se darían cuenta de que sus ideas de controlar la naturaleza no son más que cuentos para reescribir insignificancia."

 

Son numerosos los artículos que hablan de como otros animales paran su parto o rechazan a sus crías cuando los humanos nos entrometemos, pero entre mis favoritos está el de Tricia Anderson Fuera del laboratorio: de vuelta a la habitación oscura cuya primera parte, una comparación entre el parto de los gatos y el movimiento hospitalario en humanos, no tiene desperdicio y traduzco a continuación.

 

"Todo el mundo sabe que los gatos necesitan dar a luz sin que los molesten, en la oscuridad, en un lugar aislado, tal vez en una caja con sábanas suaves en el rincón más oscuro de la habitación más lejana debajo de una cama. Y todo el mundo que sabe de gatos entiende que nunca tienes que molestar a una gata de parto o a una recién parida porque sino el parto se parará o ella rechazará a sus gatitos. Todo el mundo sabe esto.

 

Pero imagina que un día hace mucho tiempo un grupo de científicos con buenas intenciones decidieron que querían estudiar como los gatos daban a luz, así que le pidieron a todo el mundo que tuviera una gata que  cuando se pusiera de parto la llevara a su laboratorio - un laboratorio científico moderno, ruidoso y bien iluminado - donde los científicos pudieran estudiarlos enganchándoles monitores y sondas, rodeándolas de extraños que constántemente iban y venían con sus carpetas. En el laboratoria las gatas de parto podían oir el sonido de otras gatas, la angustia, y no había rincones oscuros y privados donde refugiarse sólo líneas de cajas muy iluminadas bajo el constante supervisión de los científicos.

 

Los científicos estudiaron a los gatos de parto en sus cajas bien iluminadas durante muchos años y vieron que sus partos eran erráticos, como se frenaban o incluso paraban, y como las gatas estaban terriblemente angustiadas. Sus miaus y lamentos eran terribles. Vieron como muchos de los gatitos nacían en shock y necesitaban reanimación. Y tras muchos años, los científicos llegaron a la conclusión de que las gatan no paren muy bien.

 

Entonces, como los científicos eran buena gente y querían ayudar a las pobres gatas, inventaron un montón de máquinas ingeniosas para mejorar el parto de las gatas, para monitorizar el oxígeno de los gatitos, inventaron analgésicos y tranquilizantes para aliviar la angustia de las gatas de parto, y medicación para hacerlo regular y evitar que el parto se frenara. Inventaron incluso quirófanos para salvar la vida de los gatitos que sufrían durante el parto.

 

Los científicos escribieron artículos científicos para informar a todos de las dificultades que habían observado y como los gatos no dan a luz muy bien, y todo sobre la tecnología felina inteligente que habían creado. Los periódicos y la televisión difundieron la noticia, y pronto todos empezaron a traer a sus gatas de parto al laboratorio, por todas sus máquinas y todas las vidas de gatitos que salvaban. Mirando alrededor a toda la complicada tecnología, la gente decía "Este debe ser el lugar más seguro del mundo para que las gatas den a luz". Los años pasaron, y la carga de trabajo de los científicos se volvió cada vez mayor. Tuvieron que contratar más personal y enseñarles sus técnicas para atender el parto felino, y poco a poco los científicos originales envejecieron y se jubilaron.

 

Lamentablemente los nuevos técnicos no sabían del experimento original, ni siquiera sabían que había sido un experimento. Ellos nunca habían visto gatas dando a luz en cajas con sábanas suaves en la más distante y oscura de la habitación más alejada "¿Por qué hacerlo? ¡que peligrosa idea!" Estaban absolutamente convencidos de que las gatas no paren muy bien sin un montón de ayuda técnica "piensa en todos los años de evidencia científica que habían recolectado" y se iban a casa cada noche muy orgullosos de si mismos por todo el bien trabajo que habían hecho salvando la vida de las gatas y sus gatitos.

 

Desgraciadamente la mayoría de las matronas y médicos que trabajan en la actualidad han sido formados y han trabajado la mayor parte de sus vidas en ese laboratorio: y dentro de ese laboratorio (que obviamente es la moderna sala de partos) el nacimiento es un desastre. En esta época de medicina basada en la evidencia, hablamos tanto de la importancia de evaluar cada intervención y sin embargo nadie menciona que debemos desesperadamente evaluar la mayor intervención de todas, pedirle a las mujeres de parto que se monten en sus coches y conduzcan hacia grandes hospitales donde serán cuidadas por extraños.   [...]

 

La mayoría de las matronas y médicos tienen poca experiencia del parto fuera del "laboratorio", y la generación anterior que recuerda cuando el parto en casa era común se ha casi jubilado por completo. Las mujeres de las que ahora cuidamos son la segunda generación de mujeres dando a luz en el laboratorio, sus madres parieron en el hospital en los años 70 y ahora se espera que sus hijas llenen los paritorios. Tal vez sea demasiado tarde para volver sobre nuestros pasos."

 

Los profesionales tenemos miedo a lo que desconocemos, a lo que nunca hemos experimentado, y la realidad es que durante la formación tanto de médico como de matrona, la posibilidad de estar presente en un parto en casa en Inglaterra es escasa y en España practicamente nula. No es sorprendente que se le tenga más miedo a un parto donde la fisiología guía la orquesta que a la oxitocina sintética.

 

Cierro este apartado con la maravillosa fábula escrita por Carlos González El gato, el perro y la gallina, que expresa con humor y la más bella sencillez el paso del parto en nuestras manos, al parto en manos de otros y de la institución.

Valle, Mayo 2016

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