Nacimiento de Alberto

Mi mente, de-formada como matrona, se agitaba con miedos cuando una mujer compartía conmigo su intención de parir sin une* "profesional de la salud" presente. Mi cuerpo, sin embargo, afirmaba con claridad que estamos hechas para parir. 

Para mi es un honor compartir este relato de parto con vosotres porque, aparte de los míos, es el primer relato de parto autogestionado de esta web. Gracias Julia, porque hablar contigo me dio el empujón en esta dirección que necesitaba, por el honor que fue recibir tu llamada y acompañarte en la distancia. Gracias por tomarte el tiempo de grabar un vídeo con los motivos que te llevaron a tomar esta decisión y por escribir y compartir aquí tu parto. Sé que será inspiración para muchas personas.

Valle, Julio 2018

"Tras un largo embarazo de 42 semanas exactas, miedos, incertidumbres, dudas… llegó el momento. Esa mañana de viernes habíamos tomado una decisión: si el bebé no se decidía a nacer durante el fin de semana el lunes iríamos al hospital a que me hicieran una ecografía (no estábamos llevando los controles recomendados en la seguridad social) para comprobar que todo seguía bien y pensar en el siguiente paso.

Una amiga me había recomendado que fuera a darme un baño en un jacuzzi porque a ella se lo recomendó su ginecólogo y se puso de parto total que como no perdía nada eso hice esa misma tarde. Salí muy revuelta, sin apetito y rara.

Volvimos a casa mi niña de 3 años y medio y yo, llegó papa, cenamos y las contracciones comenzaron a acompañarnos de forma muy suave, espaciadas y agradables. Así pasamos la noche viendo un par de películas, hablando y disfrutando de un parto que ya veíamos inminente pero sin prisa alguna.

A la mañana siguiente el papá no marchó a trabajar y salimos los 3 a desayunar a un bar cercano, con paradas cada poco tiempo por las contracciones. Ya de vuelta en casa la cosa parecía animarse. En ese momento y hasta el final del parto tuvimos una brecha temporal en la que todo sucedía sin hacer mucho caso al reloj así que no puedo hablar de tiempos con nitidez.

Mientras mi pareja preparaba la comida yo me di un baño para intentar mitigar un poco la intensidad de las contracciones que ya se iban haciendo mucho más notables, seguidas e intensas. Jamás olvidaré como Jhulia, nuestra hija, me acompañaba desde fuera de la bañera echándome agua en la espalda con cada contracción y con palabras de aliento, fue maravilloso.

 

Viendo que el agua no me hacía efecto en la intensidad del dolor salí y comimos (yo lo intenté porque tenía que parar cada 2/3 minutos para levantarme y acompañar cada contracción con movimiento). Compartimos, bromeamos, y fue nuestra última comida siendo tres.

A partir de ese momento todo fue muy rápido. Nos tumbamos en la cama los 3 a ver una película pero ya no era capaz de concentrarme, empezaba a no tener tregua entre una contracción y otra, y poco a poco iba centrándome en mi pequeño y en mi, dejando todo lo demás de lado. John me acompañaba en silencio, con la palabra exacta en el momento justo, con caricias, abrazos cuando los necesitaba, mitigando el dolor de cada contracción con sus divertidos movimientos de cadera junto a los míos. La niña decidió estar un rato en otra habitación y así lo hizo mientras nosotros disfrutábamos de un rato solos.

De repente en una contracción estando en cuclillas en la cama se rompió la bolsa, y fue sanador ya que en mi anterior parto me la rompieron y era una herida que en ese momento sanó. Ese momento fue clave, íbamos a conocer a nuestro pequeño y sabíamos que no faltaba mucho. Cada contracción era una menos y empezaba a darme cuenta de que mi sueño de que nuestro bebé viniese al mundo al calor de su hogar y únicamente rodeada de su familia iba a ser una realidad.

Estaba en completa, de eso estaba segura porque mi cuerpo me hablaba y por primera vez en mi vida le escuchaba, confiaba en él. Escuchábamos el corazón del bebé, él estaba bien y yo también a pesar de llevar ya casi 24 horas desde que empezó el trabajo de parto porque al ser tan paulatino me dio tiempo a descansar, a preparar mi cuerpo y lo más importante, mi mente. Yo, una persona con pánico al dolor del parto por mi anterior experiencia estaba casi disfrutando de lo jodidamente dolorosas que eran las contracciones ya en este punto.

De nuevo mi cuerpo habló y me fui al suelo haciéndole caso. Jhulia volvió a la habitación porque no se quería perder el momento del nacimiento. John se retiró a una esquina, cosa que siempre le agradeceré mucho porque yo en ese momento ya no estaba para nadie más que no fuera mi pequeño y yo.

 

Mi gran miedo antes del parto era rendirme, pedir epidural, querer marchar al hospital… y muy satisfecha puedo decir que en ningún momento pasó nada de esto por mi cabeza, el bebé estaba bien, no había peligro y yo podía y quería seguir por esa senda y así fue.

 

Llegó el momento de recibir a nuestro hijo y hermano y ahí estábamos sólo nosotros, en una habitación cálida, con nuestro olor, sin apenas luz y con toda la intimidad que una mujer necesita para traer al mundo a su hijo con placer y sin miedo. Era el momento, dudas hasta que llega el momento y sabes que tienes que pujar, tu cuerpo te lo dice. La cabeza de Alberto era palpable desde fuera, nuestro pequeño ya quería salir y nosotros no íbamos a retrasar ese momento.

 

En el primer pujo salió la cabeza, mirando a su mamá (bendita posición que me dio un parto de riñones muy divertido) y sin apenas tiempo a reaccionar me recosté y con el siguiente pujo su papá que estaba a lado le recibió y entre los dos le pusimos en mis brazos. A partir de ese momento os podéis imaginar, Jhulia alucinada por haber visto nacer a su hermano, John de nuevo sintiendo la maravilla de ser padre y yo… yo renací dándole vida a mi segundo hijo.

 

Minutos después aun sentada en el suelo tenía a mis dos hijos mamando y disfrutando de unas contracciones bien diferentes que si bien no iban a traer a mis brazos a otra criatura iban a ayudar a salir a la encargada de alimentar a mi cachorro durante un largo periodo dentro de mi.

 

Podría decir que fue un parto normal, nada fuera de lo común, pero mentiría. Fue un parto de empoderamiento, un parto de reafirmación, un parto que me ha cambiado totalmente. Han sido las 25 horas de mi vida mejor invertidas porque desde ese momento me siento capaz de cualquier cosa, me siento fuerte, segura y lo que es más importante, he comprobado que como sospechaba, aunque en mi anterior parto me lo negaron, soy capaz de parir como cualquier mamífero.

Me gustaría dejar muy claro que cualquier mujer que se plantee tener un parto autogestionado necesita sin duda alguna una pareja que le apoye y sobretodo confiar en que es la mejor opción para su familia. Siempre pueden surgir complicaciones, de eso ninguno estamos a salvo ni en el hospital ni en ningún lugar pero si te preparas un poco y confías yo creo que lo más probable es que consigas tener un parto maravilloso que jamás olvidareis ninguno de los presentes.

No puedo decir que estuve sola porque por suerte algo puso en mi camino a Valle que me dio el empujón que me faltaba, se volcó en ayudarme a tener información, me proporcionó material que de otra forma hubiera sido muy difícil obtener y sobretodo en la distancia me acompañó y me guió en este camino que ha tenido el más maravilloso de los desenlaces.

Gracias Alberto por llegar a nuestras vidas y revolucionar todo, gracias por hacerme nacer de nuevo contigo, gracias por llenar los días de tu hermana de amor (dice que desde que nació su hermano es mucho más feliz y que siente que le explota el corazón de amor), gracias hijo mío por elegirme y gracias por confiar en mi."

Julia, Junio 2018

* Lenguaje inclusivo.

Podéis disfrutar escuchando a Julia directamente contando su parto autogestionado en casa, tras 10 meses del nacimiento, en uno de los encuentros que organizamos el primer sábado de cada mes en Pruvia, Asturias. Espero que os contagie su inmensa alegría y amor por los partos y por la vida. 

Raquel, Abril 2019

 

 

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