Nacimiento de Naila

Para ti, mi ansiada Naila, este fue tu nacimiento.

Estaba ya en la semana 41+3 sin ningún síntoma de que quisieses salir estábamos muy a gusto, tú dentro y yo con la barriga abultada, me pasaría así toda la vida ;) Pero también tenía ganas de conocerte, de verte, de tocarte y estaba algo desconcertada de porque tardabas tanto, todas las apuestas eran de que ya tendrías que haber salido. Me tranquilizaba escuchar tú latido cuando me apetecía con el doppler que nos dejó Valle y confiaba en que saldrías cuando tocase.

Tampoco tenía síntomas de parto, sólo te notaba muy encajada, cada vez más baja. 15 días antes de tú llegada me desperté de la siesta muy rara, parecía que me iba a poner de parto y no me sentía preparada, fue un miedo de último momento que agradecí tener para afrontarlo mejor, ponerme las pilas y dejar pequeños detalles listos...

Me relajé y recuerdo disfrutar de los últimos días leyendo, durmiendo siestas con Héctor, jugando con él, preparando cremas y jabones, tomando el sol mientras escuchaba cantar a los pájaros, sentir soplar el viento en mi piel, pequeños placeres que a menudo nos pasan desapercibidos y nos hacían sentir muy bien. 

Aquí estábamos unas horas antes de conocernos veníamos del parque con Héctor y de bailar con la música que tenían en una comunión sin sospechar nada de que pronto llegarías.

 

Fue en la madrugada del 16 de mayo cuando empecé a notar contracciones que me despertaron. Eran suaves y no sabía si estaba soñando o eran de verdad, fui al baño después de unos minutos, ya las sentía reales. Eran las 5 de la mañana, llamo a Emilio para que venga pues estaba trabajando, justo era la primera noche que le tocaba ir a trabajar después de estar 15 días de vacaciones pedidas a propósito para cuando llegase el esperado momento. Lo quería tener cerca pues presentía que podía comenzar el parto. Me volví a acostar y empecé a controlar las contracciones, por reloj eran de cada 10 minutos, parecía que esta noche iba a desencadenarse el gran momento. A las 6:10 decido llamar a Valle, la primera llamada no coge me pongo un poco nerviosa decido llamarla de nuevo y ya me lo cogió al momento, respiro aliviada al escucharla y a la vez le cuento algo nerviosa que creo que está comenzando el parto. Aún no me lo creo, y quiero estar segura por que hacerlas venir con 2 horas y algo de viaje me sabe mal. Valle me dice que no me preocupe que enseguida se pone en marcha y vienen para aquí, que descanse lo que pueda. Me acuesto de nuevo en la cama y miro para mi pequeño Héctor. Está profundamente dormido, me relaja verlo así y a la vez pienso que en muy poco tiempo nos esperan grandes cambios, seremos uno más en nuestra gran cama :) 

 

Las contracciones hacen que vuelva a concentrarme en mí y en mi barriga donde estás tú, Naila, diciéndome que ha llegado tu momento. Te acaricio, te siento a través de mi barriga abultada. Qué delicia tocarte, sentirte dentro de mí, cómo has crecido, cuánto te he sentido, me encanta tenerte en mi útero y me da algo de pena que desaparezcan esas sensaciones tan indescriptibles de llevar una vida dentro de mí. Pero también tengo muchas ganas de conocerte, de verte, de abrazarte, de mirarnos... te acaricio y te digo que estés tranquila, que te voy ayudar a salir y que tú también lo harás genial, que no tengas miedo que estamos conectadas y todo fluirá… y creo que nos transmitimos mucha tranquilidad esa última vez que te hablé y acaricié tan conscientemente dentro de mí.

Sigo sintiendo contracciones que van y vienen. Descanso un poco mi cuerpo, pero ya no puedo dormir, intento relajarme. Al poco llega ya Emilio, viene nervioso con mucha prisa, le digo que se relaje, que duerma algo pues estamos bien y ya le aviso según como vaya sintiéndome, nos acaricia y nos da un beso que nos alivia. Escucho el móvil es Valle preguntándome qué tal voy, que cada cuánto son las contracciones, cómo me encuentro… y a la vez me va diciendo por donde vienen ellas. Me gusta que estén pendientes de mí. Todo va tranquilo, quiero intentar descansar un poco.

 

Sigo en cama, las contracciones siguen siendo muy regulares. Me recuerdan a las olas del mar, esa fuerza que tienen, ese poder. Pienso en el mar, en su potente sonido que me sobresalta y a la vez me relaja, así me siento yo. Ahora intento concentrarme en mi respiración, simplemente voy respirando suave y muy despacio, sin esfuerzo. En este momento recuerdo a mi profesora de yoga, Nuria, me encantaban sus clases y he aprendido mucho con ella, me transmite mucha paz y recuerdo hablar con ella, contarle mis planes de querer parir en casa y que tenía miedo de que no llegasen a tiempo mis matronas y que me gustaría que fuese por la mañana para no trastocar mucho el sueño de unas y de otras, Nuria me decía pues prográmate para que así sea. Y así está siendo, algo más temprano de lo esperado, pero será por la mañana después de haber descansado todos un poco. Recuerdo lo que me contó Nuria de sus tres partos en casa, me los contaba sin ningún ápice de miedo, tranquila y confiada, me hace recordar que somos mujeres que podemos hacerlo así de fácil como ella, estamos diseñadas para hacerlo. 

 

Vuelvo en mí a mi cuerpo que quiere descansar un poco más, voy cambiando de postura, me pongo de lado, hacia el otro lado, hacia arriba parece que cada vez estoy menos a gusto en la cama... Siento el móvil de nuevo, es Valle que me dice que están llegando, voy a levantarme y avisar a mi madre pues aún no sabe nada de que el momento ha comenzado, así las recibirá ella mientras Emilio descansa algo más.

 

Mi madre me abraza y me dice que tranquila que todo irá bien, me sienta bien que me mime, no le gustaba la idea de parir en casa pero al final lo acepta y me apoya aunque sé que está nerviosa, no lo puede evitar, por eso prefiero que no esté muy cerca, ella cuidará de Héctor.

 

El ponerme de pie me alivia y voy danzando mis caderas hacia un lado y hacia otro, en círculos y haciendo ochos lentamente, luego más rápido, así llevo las contracciones mucho mejor que acostada. 

 

Hago un repaso general de cómo está la casa, ordeno un poco, miro la hora son las 9, ya han llegado. Voy a la entrada. Vienen Valle, Raquel con su hija e Isa que cuidara de ella, a Isa la conozco de ir a los encuentros y me da muy buenas vibraciones, miro para ellas y aún no me creo que estén aquí en casa. Recuerdo mirar a Valle y querer transmitirle mi emoción y alivio al verlas pues tenía cierto miedo de que no llegasen a tiempo, pero ya están aquí. Ahora siento incredulidad de que ya ha llegado el momento, todo va sucediendo como quería ¿¡Será real!? 

 

Vuelvo al presente, me preguntan cómo voy, digo que bien propongo que desayunemos algo, que tendrán hambre y a mí también me apetece comer algo. Primero vamos a mirar cómo estamos, me miran el pulso, tú latido y la barriga, me encanta que me explore así Valle, sólo tocando sabe cómo estás colocada y me enseña a mí a distinguirte y sentirte de otra manera que me fascina. Estás totalmente encajada y con los hombros bajando, que bien saber esto. Valle no necesita hacer tactos para saber de cuánto estamos, con nuestra actitud y mirando más a los ojos que a la vagina ya es suficiente, a mí también eso me gusta mucho.

 

Las contracciones siguen mientras hablamos un poco, pero en cada contracción necesito parar, apoyarme en algo y moverme. Isa va controlando por su reloj el ritmo de las contracciones, vienen cada 3 minutos, parece que la cosa se anima. Vamos para la cocina e intento preparar los desayunos, les pongo varias cosas en la mesa para que escojan, a mí ya no me apetece comer, las contracciones no cesan y cada vez me cuesta más aguantarlas. Viene mi madre y les digo que me apetece ir al baño pero primero vamos a la habitación donde tenemos preparada la piscina y revisar que está todo listo. Al entrar Raquel dice que huele a lavanda y me encanta, tengo un florero con lavanda seca, sus flores, su olor, su color, todo me encanta. La lavanda me da armonía, me reconforta, estamos en nuestro hogar todo irá bien. Tenía preparado un difusor con aceites esenciales, flores de Bach, música… no me acordé para nada de esto, sería que no me hicieron falta pero también me quedé con ganas de probarlo.

 

En esos momentos Héctor despierta y Emilio también se levanta y lo lleva a la cocina y comedor por donde andan todos, les doy un beso y me voy para la habitación, al baño. Emilio me pregunta cómo estoy, digo que bien que las atienda, que quiero ir yo sola al baño. 

 

Son las 9:30, me siento en el wáter, me alivia estar así. Recuerdo mirar hacia la ventana y pensar en todas las mujeres que estarán pariendo en este mismo momento. Me viene a la cabeza esas mujeres que están en campamentos de refugiados, las condiciones en las que estarán, las mujeres que viven sólo rodeadas de naturaleza, les transmito energía y a la vez me uno a ellas y me voy por completo al planeta parto. 

 

Después de esto ya no me acuerdo de mucho, tengo como secuencias de imágenes que describen momentos por los que pase... Desde que me siento en el wáter siento que es todo muy intenso, no hay tregua, las contracciones cada vez son más fuertes me entrego a ellas y me dejo llevar. Estoy a gusto así sentada, pues de pie no aguanto mucho, pruebo a ir a la cama me pongo con el culo en pompa cómo me explico Valle para que bajes mejor, pero al poco tiempo quiero volver al baño. En un momento siento como que explota algo, creo que es el tapón mucoso. Me asusto porque veo sangre, llamo para que vengan y efectivamente es el tapón mucoso, está bien, el color es normal. Al poco rato rompe un poco la bolsa, las aguas son claras ¡bien! me digo para mí misma, vamos bien. Desde ese momento Raquel y Valle están cerca de nosotros aunque son casi invisibles, eso me gusta, sentir que están pero sin verlas, de hecho varias veces escucharon el latido de Naila y ni me enteré. Emilio está conmigo aunque a veces prefería estar mejor sola pues al principio me hace alguna pregunta y no me apetece, le digo por favor que no me hable, que sólo esté conmigo y me masajee en la parte baja de la espalda, en los hombros y en el cuello. Estoy bien así con poca luz, en silencio y sin hablar, sólo abriendo mi garganta. Me acuerdo del saco de semillas y pido que me lo traigan calentito para poner en la barriga eso me alivia algo más para seguir. Y también me apetece beber algo, unos cocos frescos que tenía pedidos para el gran momento están riquísimos y me dan fuerzas. 

 

La cosa está avanzando muy rápido y Valle se acerca como un ángel susurrando si me apetece ir a la habitación donde está la piscina, digo que sí y le agradezco que me lo recordara pues mi ilusión es parir en el agua y estaba tan absorta que me daba igual todo.

 

Me ayuda Emilio a levantarme del wáter y vamos a donde está la piscina. Rompo otra vez aguas, tengo que parar, descanso, me cuesta mucho andar, me parecen kilómetros, creo que Emilio nos lleva casi a peso. Me pongo en la cama a cuatro patas, con cojines en la cabeza para aguantar mientras que acaban de preparar la piscina. No quiero preguntar pero creo que tuvieron algún problema con ella, luego me entero que el agua no estaba muy caliente por lo que pidieron ayuda para calentar agua en ollas y echarla a la piscina. Yo creo que insistía un poco en querer meterme pues presentía que ya estabas llegando, las contracciones ya eran de empujar y seguía abriendo mucho la boca y diciendo ahhhhh, necesitaba abrirme por completo a la vez que te llamaba. Aquí Valle me pregunta si quiero que venga ya Héctor yo creo que le digo que no, que aún falta, aunque sabía que estaba a punto solo quería meterme en la piscina. Ya estaba empujando y por un momento pensé que podría salir ahí en la cama. Por fin me meto en la piscina, me pongo a cuatro patas. Qué a gusto, que alivio estar en el agua, aunque sí que está algo fría por lo que siguen trayendo agua caliente. Al poco entra Héctor todo tranquilo se queda mirando a la piscina, le preguntan si quiere meterse y así fue. Me cambio de posición y me siento, porque Héctor al meterse resbala y prefiero mirar hacia el, se lo pasa pipa jugando con el termómetro en forma de pato, no le da ninguna importancia a mis gemidos y eso me encanta, qué lo vea tan normal y natural, así sigo concentrada. 

 

Creo que hacía preguntas de las que ya sabía la respuesta pero era como que necesitaba escuchar lo que pensaba. Aún no me creía que estabas a punto de nacer, yo sólo me dejaba llevar por cada contracción que nos acercaba más y más. Recuerdo que de repente sentí el aro de fuego, era una sensación muy desagradable para mí por lo que pase en el parto de Héctor, pero ahora estaba preparada para aguantarlo. Lo sentí muy poco tiempo y me acordaba de lo que decía Valle, cuando quema no se empuja, me decían despacio ahora y eso hice. Esperé y en la siguiente contracción sin esperarlo ya salió tú cabeza. Empecé a tocar con mis manos tu cabecita, tenías pelito, me encantó acariciarte, fue una sensación indescriptible, mágica. El tenerte así, medio dentro, medio fuera de mí es lo más bonito y emocionante que recuerdo. No me entró ningún miedo, ni me bloqueé, lo sentía como algo súper placentero y nos pasamos así unos 2 minutos. Despidiéndonos, sanando viejas heridas para recibirnos con paz y tranquilidad. En la siguiente contracción note perfectamente cómo te giraste sola y enseguida salió todo tu cuerpecito que yo con mis propias manos pude coger y recibirte, me dio mucha satisfacción. Enseguida te abracé contra mí mientras te acariciaba y te decía mi bonita Naila, mi preciosa Naila ¡Pero qué fácil ha sido! ¡Pero qué fácil! Recuerdo que me buscaste con tus ojos bien abiertos, enamorándonos para siempre con esa primera mirada, no podía llorar sentía una euforia increíble y una alegría inmensa. Fue mejor que un sueño y la oxitocina corría por todo mi cuerpo, toqué el cielo con nuestro encuentro, nos olvidamos del mundo y sólo tenía ojos para ti... Naciste a las 11:52, tranquila, casi 4 kilos hermosos cubiertos de vérmix blanquito, que Héctor al verte así dijo que no quería darte un beso porque estabas muy sucia. Siguió jugando tan a gusto a nuestro lado y nosotros recibiéndote sin prisas, saboreando nuestro momento sin más. 

 

Valle me recordaba que aún quedaba por alumbrar la placenta, a mí no me importaba, sentía que no era algo urgente, pero agradezco que me lo recordara y la paciencia que tuvo para esperar que saliera, pues las aguas se tiñeron de rojo. Parecía tener una hemorragia, Valle me palpaba el útero, estaba bien y yo me encontraba fenomenal, lo intenté en la piscina pero no salía no tenía contracciones. Valle me sugería que al salir de la piscina ya podría salir pero estaba tan a gusto que lo demoré. Cuando me levanté así fue, salió fácil y rápido, estaba bien. Me revisaron, tenía un desgarro de segundo grado del que no me enteré, no hicieron falta puntos, curó bien (creo que me tocó vivirlo para compararlo con la episiotomía, para acabar de sanarla, eso que se dice que es mejor un desgarro y así es, no me dolió apenas y ya estaba recuperada antes del mes). Nos recostamos en la cama para el corte del cordón donde volvimos a llamar a Héctor para cortarlo con Emilio. Nos desunimos con mucho amor, todos juntos para ahora seguir amándonos en mis brazos. 

 

Gracias a mi pequeño y gran maestro Héctor por enseñarme el camino del respeto y del amor incondicional, por guiarme hacia lo que intuía y sentía que era lo mejor para vosotros y ayudar a tú hermana a tenerlo.

 

Gracias Emilio mi compañero, mi amor, por confiar en mí, por dejarte llevar por mis decisiones y seguirme aunque sea a contracorriente. Tu apoyo fue clave, gracias por tus manos en mi espalda y cuello, por ser el bastón en el que lo soportaba todo mejor.

 

Gracias a Valle y a Raquel, sin vosotras no hubiera sido posible hacerlo. Nos hemos sentido muy a gusto con vuestra presencia y nos ha encantado que presenciarais la llegada de Naila. Gracias por vuestra profesionalidad, por hacer que otro tipo de nacimiento sea posible, por amar y respetar tanto ese momento fundamental y único por el que pasa una familia.

 

Gracias a mi familia por respetarme, algunos con palabras de apoyo y otros con su silencio. Gracias a mis amigas, a mi tribu física y virtual por estar ahí para hablar, escucharme, informarme, hacerme disfrutar y vivir con ilusión juntas esta llegada.

 

Y sobre todo gracias a la gran protagonista, a mi sanadora Naila, fue mejor que un sueño, una experiencia en la que todos los temores que tenía del parto de Héctor se transformaron en momentos placenteros. Por arte de magia nos sanaste y tuviste un nacimiento digno y respetado. Gracias por empoderarme con tu nacimiento, por hacerme sentir que sé y pude parir, yo sola, yo también renací más segura, más confiada y preparada para afrontar este largo camino juntas.

 

Miriam, Diciembre 2016

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