Violencia obstétrica

Empiezo esta sección compartiendo el importante trabajo del Observatorio de la Violencia Obstétrica, OVO, creado por El Parto Es Nuestro, EPEN, en el que se recogen y analizan las experiencias de violencia sufridas por mujeres en nuestro país en torno al embarazo, el parto y el postparto. Leer sus informes pone los pelos de punta y nos recuerda que la violencia en esta etapa de la vida es una realidad frecuente y no debe ser malinterpretada como anecdótica. También su artículo Nuestro cuerpo no es un juguete deja muy claro de lo que estamos hablando.

 

En esta sección hablo de mi experiencia con la violencia obstétrica. Soy una de las pocas madres y matronas que no la ha visto en su forma más cruenta ni sufrido en sus carnes, pero tantas mujeres y compañeras de profesión me han hablado de ella con lágrimas en los ojos.

Aquí hablo de cómo esta violencia es tan brutal que mucha gente no puede creerlo, que cree que basta con decir que no, que basta con estar informada.

Hablo de otras formas de violencia obstétrica más insidiosas de las que no siempre se habla, porque es importante hablar de violencia cuando hay violencia y no minimizar el maltrato alegando que en otros lugares hay guerra. Hablo de dónde encontrarla, y de que la única manera de no vivirla es dejando de delegar nuestra experiencia en manos de otros.

Si te apetece investigar más,  puedes encontrar en nuestro canal de YouTube hemos una lista de reproducción con varios vídeos sobre este tema.

Escojo esta foto porque para mi es la antítesis de la violencia obstétrica. Un parto "largo" sin tactos ni prisas culminado por este instante en que la mamá toca la cabeza de su bebé aún entre dos mundos.

 

 

Mi experiencia

 

Me siento terriblemente afortunada por la suerte que he tenido en mi vida como matrona, por el camino que queriendo o sin querer escogí y me evitó mucho sufrimiento.

 

Mis padres atendían partos en casa cuando yo era pequeña y eso influyó en mis decisiones. Influyó en que decidiera formarme en Inglaterra, donde la fisiología del parto y las decisiones maternas son más respetadas que en nuestro país. Influyó en mi perspectiva, siempre buscando que las mujeres tuvieran la mejor experiencia posible, que me hizo evitar conformarme con lo que se hacía rutinariamente y buscar el cómo hacerlo con más respeto. Empecé esta carrera sabiendo lo que la violencia obstétrica era, y ese conocimiento me ayudó a no formar parte de ella del mismo modo en que sin querer lo habría hecho si no fuera consciente. 

 

En Inglaterra es extremadamente fácil ser respetuoso con las decisiones ajenas, cuidar las palabras para no ofender, informar intentando no influir con tu opinión. Ésta fue la base de la formación, tanto o más valiosa que la formación técnica. Y aunque éste no sea un objetivo fácil de alcanzar me sentí con muchas herramientas heredadas de la cultura en la que estaba inmersa. 

 

Soy una de las pocas afortunadas en esta profesión que al hablar de violencia obstétrica no siente vergüenza o culpa, que aunque lamenta no haber sentido que podía hacer más en determinadas ocasiones, no participé en violencia verbal ni física.

 

Sólo participé, que no es poco, en violencia institucional, en seguir protocolos en los que ya no creo, protocolos que en su profundidad no creen en la capacidad de las mujeres para parir. Y este fue el motivo principal por el que decidí volver a España, para ejercer mi profesión más libre, siguiendo las decisiones de cada familia y dejando de ser cómplice del sistema que a pesar de estar bien respaldado por la evidencia está aún muy empapado de mitos, prejuicios y costumbres.

 

Como mujer la vida me lo puso fácil. Sentí en mis dos partos que parir sin la presencia de una matrona reconocida por el estado era la mejor opción para mi. Cuando el profesional se quita de en medio, no hay ninguna duda de que la mujer es el centro en la toma de decisiones. Se siente su fuerza y su capacidad de discernir mezclando lo racional con lo emocional y lo instintivo en perfecta alquimia. Allí no hay cabida para la violencia.

 

 

Dándole nombre para poderla ver

 

La violencia obstétrica es una realidad cada día más visible, pero tan real y tan potente que cuesta creer que siga existiendo. 

 

La mayor parte de las mujeres no se pueden imaginar, ni aunque se lo adviertan, que pueden ser tan maltratadas en un momento tan íntimo y delicado como son sus partos, su rito de pasaje a la maternidad. La brutalidad de los comentarios, la agresividad de las prácticas y la vulgaridad en la que se convierte esta transición sagrada, desconcierta al más informado. Hay mucha gente que cree que los planes de parto en la mayoría de los casos se respetan, o que prefiere no presentarlo para no hacer sentir al médico/matrona de turno que está cuestionando su impoluta profesionalidad. Gente que cree que las intervenciones sólo se hacen cuando son necesarias y que confían, ciegamente, en que esas personas que han estudiado tanto para llegar allí, saber mejor que ellxs mismxs lo que es mejor para su familia. 

Muchas mujeres han expresado su sorpresa ante el trato recibido cuando llegaban de parto. Hablaban de la gentileza con la que habían sido tratadas en el embarazo como una farsa para conseguir que fueran a parir allí. Ante esas actitudes paternalistas y ofensivas, se sentían mermadas, débiles, ignorantes, quejicas, insensatas, cohibidas... convirtiéndose el parto en un mal trago que había que pasar para poder tener a nuestre hije en brazos.

Día tras día en nuestro país, y muchos otros, se le dice a una mujer que deje de moverse, comer, beber, gritar, gemir, llorar... minimizando o negando sus emociones y sus necesidades. Negando todo aquello que favorece que el parto fluya. Se le pide que deje su cuerpo en manos de quienes creen firmemente que no es capaz de parir y que usan tijera y bisturí con tanta frecuencia que algunos hasta han olvidado que tienen delante a un ser humano que vivirá con las cicatrices de sus actos para siempre.

 

Día tras día se usa la autoridad y la amenaza como forma de forzar el consentimiento a quien titubea ante la siguiente intervención propuesta. Y es que cuando unos tienen armas de fuego y los otros arcos y flechas no hay guerra, sino masacre. 

 

El sistema está fallando tanto que cada día más mujeres se salen de él para sobrevivir y llegar ilesas a la maternidad. El parto en casa es cada vez más común y eso a día de hoy se debe a que muchas mujeres han sentido que no estaban seguras en los hospitales. Que el respeto a su integridad física y emocional no se tenía en cuenta, que sus cuerpos y sus bebés sufrían los riesgos de tantas intervenciones de dudoso beneficio, que pasaban largos meses, o años, del postparto llorando la experiencia que vivieron en el día que conocieron a sus hijos. Mujeres que lidian con el sentimiento encontrado de querer olvidar todo lo ocurrido y querer contarle algo hermoso a sus hijos del día en que nacieron. 

 

 

¿Hasta dónde llega la violencia obstétrica?

 

Abarca tantas áreas que a veces nos quedamos mirando solamente lo más alarmante, sin darnos cuenta de que detrás de muchos pequeños detalles yacen también grandes heridas. La violencia obstétrica también incluye:

 

  • Comentarios inapropiados, que van desde el más brutal al más insidioso, que pretende respetar las decisiones de cada mujer pero de fondo se nota que las cree incorrectas

  • Desinformación que dificulta la toma de decisiones propias. De esto ya había mucho en Reino Unido, pero es que en España es alarmante, porque a menudo las opciones ante cualquier situación se muestran inexistentes y el miedo se usa como herramienta para convencer, a las pocas madres que nos resistimos, para seguir adelante de la manera que el profesional quiere o conoce

  • Invasión de nuestros cuerpos para poner límites al tiempo en el que nuestro bebé ha de nacer. Yo me manifiesto abiertamente en contra de los tactos vaginales por rutina, por horario o con la intención de poner límites al parto. Pero la cosa empeora aún más cuando nuestra vagina se convierte en una parte tan vista y manoseada durante el parto como nuestra barriga lo ha sido en el embarazo, que cualquier extraño se siente con el derecho de meternos mano

  • Cortes en nuestros cuerpos con justificaciones absurdas, cesáreas por falta de progreso y episiotomías para evitar un desgarro. Parece que la integridad de nuestro cuerpo de mujer no valiera nada, se minimiza esta violencia a tijera y bisturí diciendo "un pequeño corte" cada vez que se hace una episiotomía. A veces tenemos que hablar de como sería ésto en el hombre para que nos demos cuenta de lo brutal que es algo normalizado... ¿Cómo te sentirás como hombre si te dijeran que van a "ayudarte" cortándote con una gran tijera los músculos entre el escroto y el ano?

  • Puntos en desgarros que habrían curado igual, o mejor, sin ellos. Más aberración aún son los puntos DE MÁS que se le han dado a muchas mujeres para aumentar el placer sexual de su pareja. Hombres cosiendo vaginas de mujeres recién paridas y dejándolas estrechas como vírgenes... El motivo de mayor discriminación a nivel mundial no es el color de piel, ni la religión, ni siquiera el estatus social, sino el ser mujer 

  • Romper la bolsa de las aguas que protege incondicionalmente a nuestros bebés. Nunca, si nunca, esta justificado romper la bolsa, si tenéis prisa, comprar paciencia

  • Uso de oxitocina sintética indiscriminada sin favorecer lo más mínimo las condiciones que generan oxitocina endógena

  • Uso de monitorización continua en mujeres con embarazos de bajo riesgo cuando la evidencia actual dice que supone más riesgos que beneficio

  • Inducciones por bolsa rota sin haber informado de la opción de un manejo expectante sin tactos (enlace a se rompió la bolsa!). O por "pasarse de fechas" cuando deberíamos de reconocer lo poco que sabemos sobre cuando ha ocurrido la implantación del óvulo fecundado en el útero y por lo tanto las semanas reales de gestación. O por bebé grande o pequeño cuando sabemos que las ecografías tienen limitaciones en la estimación del peso.

  • Cesáreas por bebés de nalgas para no reconocer que hemos perdido la habilidad de acompañar estos partos como una variante de la normalidad que son

  • Maniobra de Kristeller o que se te suban en la barriga o te la aprieten para forzar al bebé a salir al final del expulsivo. Esta maniobra está super desaconsejada a nivel internacional pero sigue siendo bastante frecuente en España y muchos otros países. Yo nunca vi hacer esta maniobra, en Inglaterra nadie se atrevería a hacerla porque se habla mucho más de sus riesgos que de sus "beneficios"

  • "Masajear" el periné para estirarlo y "evitar" que desgarre. Esa elasticidad la gana con la cabeza de nuestro bebé, sin que nos manoseen, en esa parte de prácticamente todo parto en la que la cabeza del bebé avanza con la contracción y retrocede entre contradicciones. Es parte de la fisiología, no necesitamos que nos arreglen, sino que nos den tiempo

  • Tirar de la cabeza del bebé en vez de esperar a que salga con el pujo materno en la siguiente contracción, causando muchos problemas cervicales y parálisis desde el nacimiento sin siquiera asumir responsabilidad por ellas

  • Separación injustificada de la díada mamá-bebé para hacer pruebas que pueden hacerse en presencia de los padres

  • Y cualquier otra situación que la pareja perciba como violenta, enjuiciadora o culturalmente inapropiada

 

 

¿Dónde encontrarla?

 

Podemos verla asomando cada vez que preguntamos para qué se hace una prueba rutinaria durante el embarazo, cada vez que injustificadamente nos piden que nos bajemos las bragas en la consulta, cada vez que se nos expropia de nuestro cuerpo o de nuestra madurez por el mero hecho de estar embarazadas.

 

Si quieres un parto donde te sientas libre rodéate ese día de personas libres. Cuando los profesionales sanitarios estamos vendidos a un contrato y un protocolo es difícil trabajar como queremos, yo lo he vivido en Inglaterra, y aunque me apeteciera revelarme estaba entre la espada y la pared. Por otro lado, es difícil recordarle a las parejas que su vida es suya y que pueden decidir su rumbo... porque aún vivimos en una cultura en la que todo parece culpa y responsabilidad del profesional. Uno a uno, entre todos, podemos ir cambiando el paradigma.

 

Llevamos muchos siglos venerando a la figura del médico, dejándonos aconsejar por su sabiduría y por sus opiniones personales. Hemos creído con arrogancia que la ciencia, que la mente humana, sabe más que el cuerpo, que la fisiología es como un animal desbocado al que domar. Pero el único camino hacia el embarazo, el parto y el postparto seguro es a través del respeto y la veneración por lo sagrado de ese proceso que va más allá de nuestra racionalización, que fluye mejor cuando es dejado a solas, que florece mejor desde la confianza que desde la presión y el miedo. 

 

La violencia obstétrica existe en el hospital y en los partos en casa, cuando las parejas delegan en el profesional y no son el centro mismo en la toma de decisiones. Cuando nos fiamos del que sabe del tema pero no de nosotros, cuando si algo va mal apuntamos el dedo hacia afuera porque sabemos que no tomamos nosotros la decisión, que no nos dejaron en algunos casos responsabilizarnos de nuestra salud, que no quisimos en otros. Que preferimos fiarnos que buscar, informarnos, preguntar y decidir lo que es correcto específicamente para nosotros. No hay opción con garantías, podemos decidir nosotros y que nos salga mal, o dejar que decidan por nosotros y que nos salga mal, o viceversa. Pero delegar o decidir, siempre ha sido decisión nuestra.

 

 

¿Qué podemos hacer para no ser víctimas de violencia obstétrica?

 

Lo primero saber y reconocer que existe, no se ve lo que no se conoce. Lo segundo informarnos para elegir con consciencia el lugar donde vamos a dar a luz y las personas que nos van a acompañar. Y por último reconocer que siempre existen múltiples caminos y que nosotros, con miedo o certeza, delegando o asumiendo, decidimos por cual caminar.

 

La libertad sólo es alcanzable rompiendo las cadenas, saliéndose del margen estipulado y pensando por uno mismo ¿qué experiencia quiero vivir? ¿cuán importante es para mi vivir esta experiencia plenamente? ¿cómo puedo hacerla realidad? ¿qué cosas/personas/miedos me limitan? ¿qué puedo hacer para superar esos obstáculos?

 

Observa como te sientes ante tus decisiones y evita desoír lo que ya sabes, sin saber por qué, que es cierto.

 

Nunca olvidemos que el alta voluntaria se puede firmar en cualquier momento. Siempre podemos en medio del parto cambiar de hospital, volvernos a casa o pedir que se valla al profesional que hemos contratado para atendernos. Eso sí, es menos estresante no meterse en la boca del lobo en busca de seguridad. 

 

 

Valle, revisado y ampliado en Mayo 2018

Escrito en Noviembre 2017

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