Visualizando el parto

En esta sección puedes encontrar una pequeña visualización que escribí para un taller que dí en el encuentro Paridas y por parir en 2015 en León.

 

Era la primera vez que hacía algo por el estilo y me llevó unas semanas empaparme de escuchar visualizaciones de otros muchos temas hasta encontrar lo que me inspiró y ayudó a redactar esta visualización del parto. La introducción es una modificación de la Visualización del niño interno de Rakasa que me pareció muy respetuosa. Agradezco las visualizaciones que encontré de Mariló López Garrido, algunas me gustaron muchísimo.

 

Pero sobre todo le agradezco a mi madre que hacía visualizaciones conmigo cuando era pequeña y que me animó a redactar esta visualización para que dejando descansar por un momento la mente y la reacionalidad, las mujeres sintieran su parto con el cuerpo.

 

Compartidla con quien queráis, sólo os pido que por favor citéis la fuente. Que la disfrutéis.

 

Valle, Junio 2015

 

Visualización

 

 

Tomando este tiempo para ti, para descansar, para sumergirte dentro de
ti y acercarte a tu bebé. Para imaginar el viaje que haréis juntos, sin
miedos, sin obstáculos... con ilusión y entrega.


Vas haciendo, a tu manera y a tu modo, todos los arreglos necesarios
para estar cómoda, libre de interrupciones. Y vas dejando, por ahora,
todos los asuntos que te ocupan en tu diario vivir... sintiéndote... aquí,
ahora.


Permite que tu cuerpo recuerde lo que es natural para él, observa tu
respiración, cuando entra, cuando sale... tal como es, nada que cambiar,
nada que hacer.


Quizás, puedas sentir la textura de la ropa que te toca la piel, el peso de
tu cuerpo que se relaja poco a poco... Tal vez, puedas sentir la
temperatura de esta habitación, escuchar los sonidos de tu entorno, la
música, las palabras... que esta voz te lleva. Y sentir los párpados que
cubren tus ojos, que te permiten descansar y mirar hacia adentro.


Sobre ellos, quizás veas colores, formas, imágenes... o simplemente
espacio. Y tal vez así, como en un sueño, te veas transportado a un
lugar de la naturaleza. A un lugar que te produce bienestar... que te trae
armonía, alivio, descanso.


Observa, si tu quieres, los colores a tu alrededor, los olores de tuentorno,

el sabor que inspiran a tu boca, los silencios, los sonidos.
Observa lo que te hace sentir, las emociones que te acompañan en este
momento.


Caminando, a tu manera y a tu modo, tal vez puedas sentir como tus
pies tocan la tierra... Y nuevamente notando tu respiración, sientes
cuando entra y cuando sale. Nada que cambiar, tal como es.
Disfruta de este espacio que te invita ahora a relajarte, a tumbarte, a
descansar... y cerrando los ojos siente como te sumerges más y más
dentro de ti, como entras en lo profundo.


Y concentrándote en tu cuerpo, tal vez sientas a tu bebé que flota, que
se estira, que te toca desde dentro... Quizás te imagines la bolsa de las
aguas que le rodea, le mece, le protege... la placenta y el cordón que le
nutren, que os hacen temporalmente uno. Estáis compartiéndolo todo,
oxígeno, alimento... cada emoción que corre por tus venas.


Y como tantas veces en las últimas semanas, tu barriga se pone dura...
una contracción viene, abraza a tu bebé, y se va. Os muestra el camino
de lo que será este viaje. Es el agua en los dedos de los pies de la playa
en la que pronto os sumergiréis juntos.


La sensación se repite, viene y va como una ola.

Imperceptible al principio, un recordatorio ocasional,

pero que poco a poco se vuelve rítmica, se hace presente.

Te planteas por vez primera si se acerca vuestro encuentro,

y la emoción te inunda el cuerpo.

 

Sientes el contacto de la persona que te acompañará en el parto,

y mirándole a los ojos, compartes la ilusión de este instante.
Todo está listo hoy. Has tenido el tiempo que necesitabas para preparar
tu casa, tu nido, tu cuerpo... La vida cotidiana fluye con tranquilidad y alegría.

Entre una ola y otra, retocas los últimos detalles,

y relajas tu mente y tu cuerpo cuando el agua llega.


Poco a poco, sientes como la espuma te moja los tobillos, la parte baja
de las piernas, las rodillas... cierras los ojos concentrándote en la
sensación, y al abrirlos te encuentras en el lugar que has escogido para dar a luz.


Te mueves con libertad por ese espacio, meciendo a tu bebé con cada paso.

Vas observando los detalles de este lugar que te arropa y te protege.

Vas sintiendo los olores, los sonidos... escuchas las palabras de
las personas que hoy te acompañan, el contacto de sus caricias, el cariño
y la empatía con la que respetuosamente están presentes.


Poco a poco, las olas van cogiendo fuerza, el agua cubre tu vientre y salpica tu pecho...

tu te relajas, te dejas guiar por ellas, dejas que tu cuerpo se abra, con confianza.

Tu bebé está contigo, le acaricias a través de tu piel, y le susurras palabras de ánimo.

Le haces llegar la alegría por esta aventura que estáis viviendo juntos.


Cada nueva sensación permítete vivirla con plenitud, sin juicios... a tu manera.

Con una profunda inspiración llénate de luz,

con una profunda exhalación, ríndete, vacíate de todo...

Observa la vida cuando el aliento entra, cuando se va.


La intensidad aumenta, poco a poco. El tiempo se diluye, fugaz tanto como eterno.

Te sumerges en el agua que te agita, te mece, te estremece...

la potencia de las olas se vuelve tal, que te lleva al límite.


Y por un segundo la duda aparece...

tu mente teme no ser capaz de dejarse llevar, no ser capaz de seguir adelante.

Te das cuenta de que no tienes control sobre el agua, ni sobre el viento.

Pero no lo necesitas, no luches, confía. Aún no eres consciente de lo que eres capaz.
Vive este momento como lo vivas, deja que el agua te arrastre,

deja que tu voz exprese lo que tu cuerpo siente, abandónate.


Te rindes... y el agua amansa. Las olas, vuelven a ser dulces y tibias,

es fácil dejarse llevar, entrar en trance mecida por el agua, es fácil descansar.

Y en esta paz, tu cuerpo se recarga.

 

Notas a tu bebé llenando tu pelvis, viviendo el viaje desde dentro,
compartiendo la tranquilidad de este instante.

Con cada inspiración cobras vida, floreces más brillante, más intensa, más iluminada...

cada segundo eres una persona nueva, crece en ti la hija, nace en ti la madre.

 

Empiezan, sutilmente al principio, las ganas de empujar...

y la ilusión te inunda, ya queda poco.

Tómate todo el tiempo que necesites para dejar atrás todas tus dudas,

y abraza la maravillosa madre en la que estás a punto de convertirte.


Empujas, a tu manera, tu cuerpo se abre, se estira, tu cuerpo te guía...

no hay prisa, disfruta de este último instante.

Las ganas de empujar se vuelven fuertes, casi incontrolables

y notas como tu piel se estira, quema un poco.

Tu relajas tu cuerpo, tu boca, respiras.

Y la cabeza de tu bebé sale lentamente de tu cuerpo íntegro,

como al pasar por un jersey de cuello de cisne.


La emoción te inunda, el más largo viaje merece la pena por este instante.

Si quieres, puedes tocar la cabeza a tu bebé, tocar su pelo, reconocer su rostro con los dedos.

Tu pelvis abraza por última vez su cuerpo.


Otra contracción llega, y con facilidad sale su cuerpo entero.

Con o sin ayuda, coges a tu bebé en brazos, lo abrazas contra tu pecho...

Siente el calor tibio de su cuerpo, el contacto de su piel contra tu piel, mírale a los ojos,

y tómate todo el tiempo del mundo para observar los diminutos detalles de su cuerpo.

Siente su olor, lámelo si te apetece, escucha su respiración tranquila.


Levantas la vista, y miras a esa persona que ha estado acompañándoos en el parto,

tu pareja, tu amiga... que ha sido tu apoyo y tu refugio,

y le agradeces su presencia en este momento en que la vida renace.

 

Quédate con este instante, graba en tu cuerpo esta sensación de plenitud,
saca una foto de este recuerdo, y enmárcala en un lugar especial de tu casa,

para que cada vez que pases junto a ella recuerdes este momento.

 

Vas saliendo hacia la arena de esa playa, con tu bebé en brazos, sintiéndote fuerte, orgullosa...

y notas las últimas olas mojarte las piernas.

Despídete de las olas, de tu vientre lleno de vida, de todo lo que eras antes de este día.

Y vuestra placenta sale con facilidad.
Obsérvala, tócala si te apetece,

y dale las gracias por la vida que ha alimentado todo este tiempo.

 

Si quieres, vuelve de nuevo la vista hacia tu bebé

y tómate todo el tiempo que necesites

para saborear esta sensación de intimidad y alegría a su lado...

cuando estés lista, sin prisas, vuelve tranquilamente a abrir los ojos.

 

Tenéis toda una vida por delante, será un reto, una aventura...

Disfruta, como has hecho hoy, del vaivén de la marea.

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